Aca les dejamos una entrevista que desde SUR - Vicepresidencia de la FUBA, le realizamos a Hector Testa Ferreira, referente del Movimiento SURda de Chile. Hector nos da un panorama del conflicto educacional que esta viviendo Chile y que esta protagonizando la juventud estudiantil. 1. ¿Cuál fue el desencadenante de las masivas protestas por el sistema educativo en Chile?
Una de las particularidades de este proceso de movilizaciones por la Educación, es que no fue desencadenada por ninguna medida del Gobierno en particular, sino que más bien responden a una larga acumulación de descontentos, que tienen en el movimiento estudiantil a su punta de lanza en este momento, pero que no se agotan en él, ni tampoco en la demanda por Educación Pública, gratuita, de calidad.
Quizá, como "desencadenante", más bien se puede decir que lo fue la sola existencia de un Gobierno de la derecha más dura lo que generó las circunstancias para lo que está sucediendo actualmente. El terremoto del año pasado (a días de la asunción del Gobierno de Piñera) quizá retardó los tiempos, pero el rechazo y la mayoritaria desafección hacia la clase política en su conjunto ya estaban instalados, y la derrota de la Concertación es muestra de ello. A nivel más inmediato, se puede citar la protesta ciudadana a principios de año en la Región de Magallanes, y, en especial, el muy mayoritario rechazo a la aprobación del proyecto hidroeléctrico HidroAysén a principios de Mayo, que suscitó movilizaciones ciudadanas en casi todas las ciudades del país no sólo como demanda ambientalista, sino que como expresión de un modelo de desarrollo, de toma de decisiones del Estado, que hoy es ampliamente repudiado por las mayorías. Eso allanó el paso para un movimiento estudiantil que, durante los Gobiernos de la Concertación, fue adquiriendo la capacidad de organización y movilización que ahora se ha volcado con una masividad y legitimidad inédita, pero forjada por años y años de construcción, maduración, y politización del movimiento.2. ¿Cómo es el sistema educativo hoy en día?
Es, como se ha dicho por todos los actores de la movilización, un sistema de apartheid social, un reproductor y amplificador de la tremenda desigualdad existente en Chile a causa de un modelo neoliberal exacerbado, instaurado por la dictadura y perfeccionado y profundizado por la Concertación. En concreto, es un sistema educativo altamente estratificado, donde uno obtiene la educación que cada familia y estudiante puede pagar, o bien endeudarse para pagar después, con cifras millonarias debido al alto costo de los aranceles y los intereses asociados a los créditos. El Estado, bajo esa concepción neoliberal extrema, realiza un doble abandono, retirándose como garante de los bienes públicos por dos vías: haciendo que la carga de financiamiento de los estudiantes recaiga en las familias, sobretodo por la vía del endeudamiento, y por otra, reduciendo drásticamente su aporte en financiar a las instituciones de educación, incluso a aquellas formalmente "públicas", empujándolas tanto a subir sus aranceles, como a buscar formas de financiamiento de sus actividades de docencia, extensión e investigación, cuestión que muy comúnmente las lleva a una "privatización silenciosa", por dentro, en el sentido de sus labores. Por otra parte, en cuanto a las instituciones privadas, se desatiende de la regulación y fiscalización de ellas, y más bien crea las condiciones y los subsidia para que éstos actúen con una lógica más mercantilista que educacional.En ese contexto, a nivel de Educación Básica y Media, lo que se implantó durante dictadura fue la "municipalización" de los colegios públicos anteriormente dependientes del Estado, generando una diferenciación interna: los Municipios los gestionan según sus capacidades y recursos financieros, muy desiguales y exiguos en general. Con el correr del tiempo, esto le abrió paso a lo que se llaman los colegios "particulares subvencionados", es decir, entidades privadas que reciben una subvención del Estado por alumno matriculado y en clases, con escasa o casi nula fiscalización o controles de calidad por parte del Ministerio, generando un gran negocio para los "sostenedores" privados, que suelen tener un perfil más cercano a lo empresarial y lucrativo que a lo docente: ahí parte la crítica y rechazo al lucro, una de las principales demandas del movimiento estudiantil. Este sector, el particular subvencionado, es el que ha crecido progresivamente, superando ya al sector municipalizado.
A nivel de Educación Superior, algo similar: las entidades públicas, o las universidades tradicionales en general (que incluye universidades de origen privado pero un sentido público, regional, etc.), han venido decayendo en su participación en el total de matriculados. La ampliación de la cobertura de estudiantes de Educación Superior ha venido de la mano de un crecimiento sin control de las entidades privadas, con una vocación mercantil evidente para todos, y, también, una diferenciación interna: Universidades diferenciadas por estrato socioeconómico, y Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales generalmente para los segmentos más bajos. En el caso de las Universidades, se da una de las aberraciones más insultantes: a pesar de que la normativa (dictada bajo la dictadura) prohíbe el fin de lucro, igualmente se lucra por la vía de un fraude a la ley: la Universidad "arrienda" sus instalaciones a una entidad Inmobiliaria, que es propiedad de los mismos directores de la Universidad... en este fraude a la ley han participado innumerables dirigentes de los partidos políticos, incluso Ministros de Educación. La convivencia entre actores empresariales y políticos, como en otras áreas, tiene en la Educación una muestra que agrava aún más el descontento hacia el modelo educativo.
3 ¿Cuál es el papel que juega la Juventud en estos reclamos, como es su participación, cómo se organiza?
El movimiento estudiantil, universitario y secundario, ha sido uno de los actores sociales con mayor organización y capacidad de movilización durante los últimos tiempos. En el sustrato de eso, está un fenómeno mayor: el distanciamiento, la desafección, y el rechazo hacia los partidos y el sistema político, y en general, hacia el "modelo". Este trasfondo es el que está detrás de la mayoritaria “autoexclusión” electoral: tras el plebiscito de 1988 que volcó a la casi totalidad de la ciudadanía a los registros electorales para decidir sobre el fin de la dictadura, elección tras elección se fue dando una constante: los nuevos jóvenes no se inscribían en un sistema diseñado para justamente eso: mantener un padrón y un sistema electoral que beneficiara y sobrerrepresentara a la derecha pinochetista, y que tuviera en una Concertación derechizada un elemento de contención y cooptación política y social. Se calcula que esa exclusión electoral llega a los 4 millones, en elecciones que llegan a los 7 millones de votos. La crisis de los partidos y de la política en general hizo que la mayor parte de las nuevas generaciones fueran madurando sus opiniones y convicciones por fuera, y contra, el sistema político y sus representantes. Ahí se incuba la permanencia y fortaleza del movimiento estudiantil, que terminó siendo una especie de expresión organizada de ese otro descontento más disperso y difuso de los jóvenes y no tan jóvenes en general. También, el distanciamiento y rechazo hacia la Concertación: hace rato que los actores políticos dominantes dentro de las federaciones y centros de estudiantes no son los mismos que en la política nacional institucional, con un predominio relativo de organizaciones, colectivos, y referentes de izquierdas, autónomos, libertarios, antineoliberales, progresistas.
La fisonomía interna del movimiento estudiantil de nuestro país dice relación con formas y dinámicas de una nueva política y nuevas formas de organización y acción colectiva, emanada de las realidades y circunstancias de la época actual y el “modelo chileno”. Es, por así decirlo: un producto rebelde de la época neoliberal. En parte, es por eso que a los actores tradicionales les ha costado tanto tiempo comprenderlas, a pesar de que en todos los años, sin excepción por dos décadas ha habido movilizaciones estudiantiles de diverso tipo y magnitud. Por una parte, el movimiento estudiantil funciona por medio de mecanismos de democracia representativa (elecciones, centros de estudiantes, delegados, federaciones), y su relativa legitimidad formal viene de ahí, además que con el correr del tiempo ha ido ganando fuerza y realidad el hecho de que sus dirigencias funcionan (en general) como vocerías y como mandatarios que deben obedecer el mandato de sus bases. De todas formas en este tema el movimiento estudiantil vive hace tiempo una práctica y un debate interno que, como en otros muchos temas, superan con mucho la política de las elites parlamentarias: la construcción de una política más participativa, deliberativa, convocante, con una institucionalidad y formas organizativas más amplias y abiertas. De todas formas, a esa relativa legitimidad formal se le agrega algo más sustancial y que explica mucho más lo que se está viviendo actualmente: la existencia de una acción colectiva mucho más generalizada que la de los espacios formales de la política, de colectivos políticos y sociales de múltiples tipos, de centros e iniciativas culturales, de redes y medios de comunicación alternativas, de formas territoriales de organización. Y todo eso, cubierto por un sentido común crítico y genuinamente politizado: ahí las fuerzas y discursos neoliberales vienen teniendo, hace rato, una profunda derrota política e ideológica. Es esa red de redes, de movimientos de movimientos la que está empujando yorganizando esta gigantesca, multitudinaria y multiforme movilización social.
4. ¿Cuáles son las perspectivas de este conflicto, cuál fue la respuesta de Piñera?
Es difícil señalar el rumbo que tomará el proceso en curso. Por la profundidad de las discrepancias políticas e ideológicas que generan el conflicto, expresadas en el intento del Gobierno de incorporar "mejoras al modelo", y la vocación de la movilización y una creciente mayoría ciudadana de cambiarlo radicalmente por otro. Las demandas sociales vienen adquiriendo de manera progresiva una genuina politización que cubre la totalidad de las bases fundantes del "modelo chileno", incluyendo la Constitución Política de 1980 y las bases institucionales e ideológicas más básicas bajo las cuales hemos vivido las últimas décadas, tras el golpe militar de 1973. Las multitudes en las calles hacen recordar no sólo las marchas y concentraciones contra la dictadura, sino que por su colorido, masividad, y el ánimo festivo, a muchos les ha recordado la época de la Unidad Popular y Salvador Allende. El canto de "y va a caer, y va caer, la Educación de Pinochet" sirve de ilustración de cómo se está sintiendo en las calles el conflicto: es el anhelo de generar una inflexión política y social de una envergadura similar a la caída de la dictadura militar a fines de los ochenta.
En ese escenario, la derecha gobernante está esencialmente incapacitada para comprender y responder ante el escenario que se les ha presentado. Menospreciaron el hecho de que su triunfo electoral se debió más que nada a una caída en las legitimidades y adhesiones hacia la Concertación, más que a un ascenso de ideas de derecha y conservadoras entre las mayorías. En esto, el esquema institucional que rige la política partidaria y las elecciones, tan finamente diseñado para sobrerrepresentar a la derecha y taponear las alternativas al "binominalismo" y las fuerzas neoliberales, y que les permitió mantener un cerco político y una democracia de muy baja intensidad por dos décadas, ha terminado volcándose contra ellos mismos: las tendencias y fuerzas históricas desatadas han ya sobrepasado los marcos impuestos, y muy difícilmente se podrán solucionar bajo éstos.
El Gobierno ha intentado actuar repitiendo el manual de acciones y discursos a las que estaban habituados en una época que se está cerrando, y que compartieron con las cúpulas concertacionistas: el llamado al respeto a la autoridad y el orden público, la habitual represión exponenciada por la masividad, diversidad y combatividad de las movilizaciones, la intención de jugar al desgaste de éstas, la intención de criminalizar, desprestigiar, y dividir al movimiento. Nada les ha resultado, y, al contrario, el correr del tiempo sólo ha sumado errores a su gestión del conflicto, y ha generalizado la movilización convirtiéndola en una protesta social que recorre el país de punta a punta.5 ¿Estas protestas repercutirán en el sistema político de Chile?
Sin duda. El tiempo dirá cómo y con qué niveles de radicalidad y profundidad, pero incluso los analistas, medios, y dirigencias tradicionales, reconocen el carácter de inflexión política
que se ha puesto en marcha. Incluso miembros importantes de lo que podemos llamar como clase dominante (política, social, y económicamente), han declarado la necesidad de encarar el proceso para encauzarlo dentro de los márgenes institucionales establecidos, para evitar el desbande generalizado o la emergencia de un proceso que decante en refundacional, constituyente, revolucionario. En este sentido, muchos de ellos se abren a la posibilidad de debatir una nueva Constitución. Quienes se cierran a eso, igualmente plantean la necesidad de reformas políticas de relevancia. En este punto, es relevante mencionar el rol de mediadores del conflicto que han intentado ejercer algunas dirigencias de la Concertación, quienes intentando subirse a la ola han comenzado hace un rato con un discurso crítico al modelo. El intento ha fracasado rotundamente: todas los estudios muestran un alto rechazo hacia la ex coalición gobernante, incluso mayor que al propio Gobierno de la derecha…
Al otro lado de la vereda, es decir en el polo de los movilizados y una mayoría ciudadana creciente que anhela más que una "mejora del sistema" y también más que una nueva Constitución dictada por los mismos de siempre y en resguardo de sus intereses, lo que está en el aire pero falta por delinear es el inicio de una nueva etapa política, un nuevo escenario en favor de las mayorías y sus necesidades y anhelos. Demandas como la renacionalización del Cobre, una política ambiental radicalmente distinta, un sistema previsional no privado, la Salud y Educación Pública, una descentralización efectiva, un sistema democrático participativo, cuentan con un amplio respaldo ciudadano, reflejado incluso en las encuestas encargadas por los poderes dominantes. Es la posibilidad de construir la expresión política de esas demandas y anhelos, su puesta en marcha en términos de proyecto político e histórico forjado desde esa mayoría en construcción, donde debería decantar esa fuerza. De todas formas, sea cual sea el rumbo que tome todo esto, lo que se puede afirmar sin temor a equivocarse es que no hay vuelta atrás: el predominio sin contrapesos del neoliberalismo, de un capitalismo extremo y un orden político altamente conservador y autoritario, ha llegado a su fin en Chile.
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